
Poco a poco, la fotografía ha pasado de ser un simple pasatiempo, a cautivarme.
Siento que debo llevar siempre una cámara fotográfica en el bolso. No quiero que ese atardecer o la escena cotidiana del discurrir de las calles de la ciudad pasen inadvertidos. Últimamente, incluso el detalle más pequeño, el acto más cotodiano me parecen dignos de ser recogidos para la posteridad, para que no sean olvidados, para poder contemplarlos una y mil veces.
Además, una de las maneras más bellas, sinceras y coloristas de dar a conocer nuestro Aragón, es mediante la fotografía.